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Kant se sienta a tomar café ¿Me estás mirando o me estás grabando?

Gafas inteligentes: la confianza al otro lado de la cámara

Gafas inteligentes: la confianza al otro lado de la cámara

Me interesa una tecnología capaz de ayudarnos a escuchar, comprender y recordar.

Pero también quiero conservar la posibilidad de decir una tontería con un amigo sin participar involuntariamente en la producción de contenido.

Kant y las gafas inteligentes: el respeto no viene instalado

Contarte algo a ti no equivale a contárselo al mundo.

Puedo explicarte que estoy agotado, que me equivoqué en una reunión o que hoy no tengo paciencia ni para el ascensor. Te lo cuento porque existe una relación entre nosotros y confío en ti, no porque haya decidido aportar contenido a una plataforma.

En 1785, Immanuel Kant formuló un principio moral que ayuda a comprender esta diferencia: debemos tratar a las personas como fines en sí mismas, nunca únicamente como medios para alcanzar nuestros objetivos.

Hoy podemos incorporar cámaras, micrófonos e inteligencia artificial a unas gafas capaces de registrar buena parte de lo que sucede a nuestro alrededor. Sin embargo, el respeto hacia quien tenemos delante sigue sin venir instalado.

La cuestión ética comienza ahí: tener capacidad para captar la vida de los demás no nos concede automáticamente el derecho a disponer de ella.

Kant antes de encender la cámara

Kant llamó «imperativo categórico» a una exigencia moral que no depende de nuestra conveniencia. Respetar a alguien únicamente porque podría denunciarnos deja el respeto bastante pendiente del presupuesto de su abogado.

Una de sus formulaciones nos pide actuar según principios que podamos querer como leyes universales. Otra establece que debemos tratar a cada persona como un fin en sí misma, reconociendo su dignidad y su capacidad para decidir.

La palabra «únicamente» resulta fundamental. Podemos colaborar y beneficiarnos mutuamente sin vulnerar ese principio. El problema aparece cuando utilizamos a otra persona para conseguir nuestros objetivos ignorando su voluntad.

Si trasladamos esta idea a las gafas inteligentes, grabar una conversación aprovechando que nuestro interlocutor lo desconoce puede convertir su confianza en un recurso del que disponemos unilateralmente.

Mi interés por conservar una conversación no anula el derecho del otro a decidir cómo participa en ella.

«¿Me estás mirando o me estás grabando?»

Imaginemos un café entre amigos. Hablamos del trabajo, exageramos alguna anécdota y reconocemos nuestras preocupaciones. Entonces advertimos una pequeña cámara en las gafas de nuestro interlocutor.

—¿Me estás mirando o me estás grabando?

Hasta ese momento compartíamos una conversación. Ahora desconocemos si también estamos produciendo un archivo que alguien podrá conservar, analizar o compartir.

Las gafas inteligentes ofrecen aplicaciones útiles: traducir conversaciones, orientarnos por una ciudad o recibir asistencia sin utilizar las manos. El problema aparece cuando quien lleva las gafas conoce qué funciones están activadas, mientras los demás ni siquiera saben que pueden estar siendo grabados.

Desde la perspectiva kantiana, aprovechar ese desconocimiento difícilmente respeta al interlocutor como alguien capaz de decidir sobre su participación.

He quedado para tomar café. La rueda de prensa no figuraba en la convocatoria.

La privacidad incluye poder decir una tontería

El filósofo James Rachels, en su artículo Why Privacy Is Important (1975), explicó que la privacidad resulta fundamental para mantener relaciones personales diferentes. Necesitamos cierto control sobre quién conoce determinados aspectos de nuestra vida.

No contamos lo mismo a un amigo, a un cliente o a nuestro jefe. Esa diferencia permite que cada relación tenga su propio espacio de confianza; tampoco significa que llevemos tres vidas fraudulentas.

Puedo reconocer ante un compañero que una tarea me supera sin querer convertirlo en una comunicación oficial de incompetencia.

Aquí aparece el conocido argumento de «no tengo nada que ocultar». Tampoco escondo una organización criminal en el baño y sigo cerrando la puerta.

Necesitamos espacios para pensar en voz alta, equivocarnos y rectificar sin una audiencia permanente.

Rachels nos ayuda a comprender por qué perder esos espacios también empobrecería nuestras relaciones personales.

La comodidad propia no resuelve el dilema

Kant nos exige justificar nuestras decisiones mediante principios que no dependan únicamente de nuestra conveniencia. La filósofa Helen Nissenbaum aporta una perspectiva complementaria con su teoría de la integridad contextual.

Según Nissenbaum, la privacidad depende de que la información circule de manera apropiada dentro de cada contexto. Importa quién la transmite, quién la recibe, qué información se comparte y bajo qué condiciones.

Volvamos al café. Que alguien pueda escuchar una conversación no significa que resulte apropiado grabarla, enviarla a una empresa o utilizarla posteriormente para entrenar una inteligencia artificial.

Las palabras pueden ser exactamente las mismas, pero sus destinatarios y su finalidad han cambiado.

Aceptar que me escuches no equivale a autorizar todos los usos técnicamente posibles de mis palabras.

Documentar una agresión, utilizar unas gafas como ayuda para una discapacidad o publicar una conversación por entretenimiento plantean situaciones diferentes. La comodidad del usuario no basta para resolverlas.

El respeto también forma parte del producto

El Comité Europeo de Protección de Datos propone medidas de transparencia y privacidad desde el diseño. Como ingeniero, me parece un buen comienzo: conviene que el respeto funcione antes de tener que descargar una actualización.

Si compartir una grabación requiere un gesto y proteger la privacidad exige atravesar siete menús, el diseño ya ha tomado partido. Luego podemos añadir «tu privacidad nos importa». En letra pequeña cabe una preocupación enorme.

Kant nos pide respetar a la persona; Nissenbaum, cuidar cómo circula su información; Rachels, preservar nuestras relaciones. Tres filósofos para explicar algo que mi abuelo resolvía con «esto que te cuento queda entre nosotros».

Contarte algo a ti sigue sin equivaler a contárselo al mundo.

Yo seguiré tomando café con amigos. Si vamos a grabarlo, prefiero saberlo antes de explicar lo de mi jefe.

Las gafas serán inteligentes. Ahora nos toca estar a la altura a quienes las llevamos.

Fuentes y referencias

Las aplicaciones a las gafas inteligentes y las propuestas prácticas son una elaboración del artículo a partir de estas referencias.

#ÉticaTecnológica #GafasInteligentes #Privacidad

Toni

Technical Engineer | Expert in everything and nothing | I enjoy talking about STEM, history, philosophy, humorology and soft skil·logys.

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